sábado, 14 de noviembre de 2009

Realidad vs mi propio mundo

Dicen por ahi que la vida es injusta, dicen que la realidad es cruda. En fin, no tengo una vida totalmente miserable, diría que mi vida es realmente feliz y perfecta. Sin embargo, no les voy a negar que me gusta ocultarme en mi propio mundo, y esto no significa que no esté agradecida con mi propia realidad.
Mi mundo rosa dirán algunos. Algo superficial no importa. Porque aquí no importan los sentimientos, sólo están los mejores y no hace falta descubrir lo que siente la otra persona. Todos saben lo que piensan los demás, a fin de cuentas, para qué hipocresías? No hacen falta.
Aquí todos bailamos bajo la lluvia sin miedo a pillar un resfriado. Jugamos a pisar los charcos y mojarnos unos a otros. Las maravillas de la naturaleza nos pescan con una cara de asombro, como si nunca antes hubiéramos visto un arco iris o un sol poniente. Le pedimos deseos a la estrellas fugaces, con toda la esperanza de que algún día se cumplirán.
Jugamos con los dientes de león y las mariposas. La música más perfecta está incorporada en nuestras cabezas y todo parece de revista, de libro de cuentos, de fotografía.
Algo infantil se dirán... Pues sí claro que es infantil, mi mundo fue creado en la inocencia de mi infancia. En todo caso, no podemos negar la perfección de la inocencia y los juegos infantiles, todos desearíamos volver allí. Así pues, no me juzguen por mi mundo infantil porque todo lo que estamos buscando los seres humanos es llegar algún día a tener la felicidad que conseguimos en la infancia con cualquier juego, con una piedra, con una hoja, con una flor.
Nadie está libre de sus recuerdos de infancia y nadie puede negar que en algún momento fue feliz con algo que no costaba ni un cinco. Siguen buscando la felicidad en el dinero, en el sexo, en cualquier otra cosa. Pero nadie se da cuenta que la felicidad sólo la puedes conseguir con tus sentidos, en cada detalle, en aquella cosa que te gusta, que te divierte, que hace que te recorra ese escalofrío por la espalda.
Y se burlan de mí porque grito, porque río, porque hago sonidos extraños en momentos en los que nadie esperaba oírlos. Pero esto es solamente con la intención de transmitirles mi mundo con mis gestos, de hacerles sonreír como lo hacen las personas en mi cabeza y me gustaría que tuvieran todos las mismas ganas que tengo yo de vivir, de bailar, de cantar. Me gustaría que todos tuvieran la alegría que me recorre día a día cuando me levanto y me veo al espejo a sabiendas de que me espera un día más lleno de experiencias. Que no sé si habrá mañana, la esperanza existe, pero el destino me posee y tiene su plan para mí. Pero no le voy a dar gusto, le saco el jugo a cada día y a cada experiencia, porque el destino se puede encabronar y un día decirme: Noelia, ya no quiero darle más días de vida, ¡vea a ver que hace!... Y ahí si que espero no arrepentirme de haber vivido mal, de haber malgastado mi precioso regalo. Yo no necesité nunca un accidente, un encontronazo con la muerte, porque la vida me ha enseñado cuán bello puede ser ese detalle que nadie más va a notar.

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