viernes, 23 de julio de 2010

Mi dulce tormenta


Las flores se mecen al viento, la suave brisa de la mañana mueve y empieza a secar las finas gotas de rocío. El sol por fin hace su aparición y borra los vestigios de la tormenta de ayer. Se rejuvenece la casa, se pone cálida la piel. La tormenta ya no es mas que un vano recuerdo, las goteras ahora no son más que otra entrada para el Gran Astro que trae consigo la alegría de los niños y la esperanza de los ancianos.

-No me traigas más la tormenta, no nubles mi día! No quiero más lluvia!
-Y si hago desaparecer la lluvia como beberán las flores? Como regaré los campos?
- Morirían las flores?
- Sí mi bella niña... Tus preciadas flores no serían más que una hoja seca sin vida y sin color.
- No es eso lo que quiero. Aguantaría mil tormentas con tal de ver todos los días esos magníficos colores y esas bellas figuras... Jugaré entonces en los charcos y leeré hasta que acabe la tormenta y salga el sol en la mañana.

Y cuando este sol salga como hoy lo ha hecho las mariposas jugarán alegremente en los potreros, se posarán suavemente en una bella flor y nos recordarán con su aleteo que después de la tormenta viene la calma.

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