jueves, 17 de septiembre de 2009

Esa princesa está cansada de busca amor donde nunca lo encontrará. Como dulces ráfagas de viento, pequeños pedazos de un sentimiento parecen rondar en su vida, pero cuando está a punto de formarse una sensaicón fuerte, todo se desvanece como azúcar en el agua. Sólo quedan los recuerdos de pequeñas partículas de tiempo, ilusiones, imágenes que por un momento, sólo por un simple momento la hacen sentir como un ser con corazón.
Cada recuerdo trae consigo el dolor, todo lo que causa el simple hecho de buscar el amor en la persona equivocada.
Dolor de haber herido, dolor de haber traicionado, dolor por llevar falsas ilusiones a una persona...El simple dolor de tener el cargo de conciencia de haber lastimado a quien menos lo merecía, al más inocente, al que mas dio de sí.
Esa princesa sufre, siente que algo le va comiendo por dentro, pero su corazón frío no da una sola lágrima, porque nunca la dió, porque el dolor es como la molestia de pensar en algo y no olvidarse de ello, no acaba, no se sabe cuando empezó y lo más frustrante es que no sabe como erradicarlo.
Dicen que el hombre es el único animal que comete el mismo error dos veces, y esto aplica en este caso, pero la princesa está cansada de cometer siempre el mismo error.
Maldito el destino que atraviesa en su camino personas a las que sólo traerá dolor.
Una fachada de felicidad esconde la más triste de todas las historias, esa historia por la que nadie debe pasar.

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